La intervención

 

 

Se había diagnosticado un "Adenocarcinoma de cabeza de páncreas"

El día 14 de Febrero me llevaron al Quirófano.

Aparte de que, como en una niebla -supongo que aún bajo los efectos de la anestesia-

veía un techo moverse hacia atrás mientras alguien me decía: "tranquilo, es que hay

una hemorragia y tienes que volver al Quirófano", lo siguiente que recuerdo es que

pedí mis gafas, porque cerca de los pies de mi cama había una columna y en ella un

calendario y no lo veía bien. Y cuando lo vi, tuve que confirmar el día en que

estábamos. ¡4 de Abril!.

La extrañeza del principio se convirtió en verdadero pasmo cuando en los días

posteriores fui conociendo más detalles.

Extraigo del informe de Alta del 2 de Mayo de 1996:

"Varón de 53 años que se interviene con diagnóstico de neoplasia de cabeza de

páncreas el 14-2-96 realizándose una duodenopancreatectomía cefálica con preservación

pilórica según técnica Traverso-Longmire practicándose reconstrucción del tránsito con

anastomosis pilórico-yeyunal T-L, colédoco-yeyunal

T-L, y pancreato-yeyunal T-T.

Pasando tras la intervención a Reanimación, a las 24 h. de la intervención el

paciente presenta anemización brusca que es informada por endoscopia de

hemorragia de la anastomosis píloro-yeyunal por lo que se practica relaparotomía

urgente con gastrotomía y exploración de la cavidad intestinal no encontrándose

ningún sangrado activo a nivel de anastomosis, existiendo gran cantidad de

coágulos que repleccionan el estómago y que tras su limpieza se objetiva la

existencia de una gastritis erosiva superficial.

El paciente permaneció largo tiempo en REA necesitando intubación prolongada

por lo que se practicó traqueotomía, pasando a planta tras ser dado de alta en REA

y desde entonces ha estado sometido a tratamiento Rehabilitador que continuará de

forma ambulante a criterio del Sº de Rehabilitacion.

En el momento del alta su estado era satisfactorio. Es remitido al servicio de

Oncología para su tratamiento.

Fdo. MARTÍNEZ ZARAGOZA "

La recuperación fue lenta y muy molesta. Apenas podía moverme y como al parecer

tampoco me habían movido el tiempo que estuve en coma inducido, se me formaron

escaras en la nuca, espalda y talones. Las de la espalda se curaron sin apenas dejar

huella, pero en la parte de atrás de la cabeza luzco unas preciosas calvas cual tonsuras

de fraile, y en los talones unas formaciones callosas profundas.

Aunque lo peor fue al final de la recuperación, cuando consideraron que tenía que

empezar a levantarme. Sentado en el borde de la cama, dos celadores me auparon

para que me pusiera de pie... y los pies me colgaban inertes con los dedos apuntando

al suelo. ¡No podía erguirlos!.

El prolongado tiempo de inmovilidad había producido una denervación en las

extremidades inferiores provocando el efecto "pié equino"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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